Amigos...Me parece que es muy interesente para compartirlo con ustedes y creer que existe la igualdad y reconocimiento de oportunidades...Clau
Por Rafael Garay, Ingeniero Comercial - MBA, Economista.
La meritocracia viene del latín mereo, que significa merecer u obtener. Las sociedades meritocráticas implican el premio al esfuerzo y talento personal por sobre el linaje, la casta, la condición social o la condición económica original. Es el triunfo de la persona por encima de cualquier condición basal, pero ¿es Chile un país meritocrático?
Si consideramos la actual distribución del ingreso en Chile -una de las más desiguales del mundo-, vemos que un amplio porcentaje de los políticos sigue perteneciendo a las mismas familias "tradicionales", que han dominado los puestos de poder la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Mirando la importancia que el colegio, la comuna o la etnia de origen siguen teniendo al momento de acceder a puestos de trabajo, parece claro que Chile está en deuda con sus habitantes en la oportunidad de generar una verdadera movilidad social.
La única forma de garantizar la movilidad social es mediante la igualdad de oportunidades, es decir, que al inicio de la carrera todos partan del mismo punto. Esto significa, en primer lugar, poder satisfacer las necesidades básicas como alimentación, salud y educación de modo igualitario, pero también, políticas sociales impulsadas tanto por el Gobierno como por los grupos sociales más acomodados en pos de construir una sociedad más justa.
Las universidades tienen un papel importante que cumplir en esta era en que el conocimiento y su utilización son claves y las universidades serias y acreditadas hacen los mayores esfuerzos por entregar una formación de excelencia a sus alumnos. Pero es sabido por todos que el alumno promedio es incapaz de comprender lo que lee, por lo cual la deficiencia y la brecha se generan ya en la educación preescolar. Se han intentado una serie de medidas paliativas que -considero- no poseen mayor relevancia, porque no atacan el fondo del problema. Desde currículo sin foto hasta prohibiciones de cualquier tipo de discriminación son medidas más efectistas que en verdad efectivas, debido a que en la práctica se han mostrado poco eficaces y de difícil fiscalización.
¿Las soluciones? Un cambio de conciencia real en todos los niveles, la consideración de que todos somos ontológicamente iguales, respeto por las diferencias sociales o étnicas, es decir, la construcción de un nuevo Chile de carácter realmente inclusivo. Es de esperar que las conclusiones y sobre todo las acciones propuestas por el Consejo asesor sobre Trabajo y Equidad sean tomadas en consideración. Ya tenemos experiencia con informes y comisiones que no llegan a transformarse en políticas públicas.
Ha llegado la hora de que el emprendimiento, la inclusión y el mérito de las personas se conviertan en el motor de surgimiento personal, más allá de otras consideraciones ya añejas en un mundo que comienza a ser ajeno a las viejas jerarquías aristocráticas o económicas. Meritocracia y, por ende, equidad es la gran tarea pendiente de Chile en su bicentenario.


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